«La fruta y la verdura que consumimos contiene plaguicidas muy perjudiciales para la salud y debemos lavarla mezclando bicarbonato y vinagre»

¡FALSO!

La fruta y verdura que llega a nuestros supermercados se produce utilizando productos fitosanitarios que se degradan. Se utiliza la mínima cantidad que permita controlar la plaga y se establece un plazo de seguridad entre la última aplicación del producto y el consumo que garantice una concentración inocua del mismo.

Los niveles máximo de un producto fitosanitario en los alimentos se fijan mediante estudios toxicológicos. Primero se determina la cantidad de producto que se puede ingerir diariamente, durante toda la vida, sin efectos adversos apreciables. A continuación, se le aplica un factor de seguridad mucho más bajo, para garantizar que ninguna persona sufra ningún tipo de efecto aunque esté expuesta a esa concentración de producto toda su vida.

De esta manera, aunque una verdura tenga un nivel de un plaguicida superior al límite máximo, no supondrá ningún peligro aunque se consuma a diario.

Por ejemplo, el límite máximo de un plaguicida para el tomate se fija de manera que incluso consumiendo 7000 tomates al día durante toda la vida no apreciaríamos ningún efecto sobre la salud,

DE TODOS MODOS VAMOS A LAVAR LA FRUTA Y LA VERDURA, no solo para eliminar productos químicos, también gérmenes que pueden ser aún más nocivos para nuestra salud.

La forma más habitual es lavarla manteniéndola un tiempo bajo el grifo, frotando si es posible. Después del lavado se puede frotar con un paño o un papel que permite eliminar ceras y contaminantes que pueden estar bajo ellas.

Muchos productos fitosanitarios son solubles en medios básicos o incluso se degradan en estos medios. Por tanto, podemos lavar la fruta y la verdura añadiendo unas cucharaditas de bicarbonato sódico.

El uso del vinagre (nunca junto con el bicarbonato ya que se neutralizan) también permite disolver algunos plaguicidas y sobre todo tiene efecto viricida y bactericida por su pH ácido.

En caso de sospechar que la fruta o verdura pueda estar contaminada con algún microorganismo es recomendable utilizar desinfectantes más enérgicos como la lejía o el dióxido de cloro. Siempre respetando la dosis indicada en el envase, así como realizar un intenso aclarado antes del consumo. Debemos ser conscientes que ambos desinfectantes son oxidantes fuertes muy nocivos para nuestro organismo.

Frutas y verduras deben formar parte de nuestra dieta diaria. Es recomendable lavarlas principalmente para evitar infecciones por gérmenes que puedan contener y en menor medida para eliminar algún resto de plaguicidas.

El bicarbonato de sodio, comúnmente conocido como bicarbonato, es una sustancia alcalina que puede ser efectiva en la eliminación de residuos de pesticidas presentes en frutas y verduras. La eficacia del bicarbonato para limpiar estos alimentos se debe a varias razones:

  1. Solubilidad de Pesticidas: Algunos pesticidas son más solubles en soluciones alcalinas que en agua sola. El bicarbonato de sodio puede aumentar el pH del agua de lavado, lo que puede ayudar a disolver y eliminar mejor ciertos tipos de pesticidas que no son completamente solubles en agua.
  2. Reacción Química: El bicarbonato de sodio puede neutralizar ciertos pesticidas ácidos mediante una reacción química que los descompone. Esto es especialmente útil con pesticidas que son sensibles al pH y que pueden degradarse en presencia de una base como el bicarbonato.
  3. Acción de Limpieza: El bicarbonato de sodio actúa como un agente de limpieza leve. Su textura ligeramente abrasiva puede ayudar a eliminar físicamente los residuos de pesticidas de la superficie de las frutas y verduras cuando se frota suavemente sobre ellas.
  4. Desprendimiento de Ceras y Otras Sustancias: Muchas frutas y verduras se recubren con una capa de cera que puede contener pesticidas. El bicarbonato de sodio puede ayudar a descomponer estas capas cerosas y permitir que los pesticidas atrapados en ellas sean lavados.

Es importante señalar que aunque el bicarbonato de sodio puede ser eficaz para reducir la cantidad de algunos pesticidas en la superficie de frutas y verduras, puede no eliminar todos los residuos por completo. Además, algunos pesticidas pueden haber penetrado en el tejido de la planta, donde el lavado de superficie con bicarbonato no tendría efecto.

Para utilizar bicarbonato de sodio en la limpieza de productos agrícolas, a menudo se recomienda hacer una solución con agua y sumergir o frotar las frutas y verduras con esta mezcla, seguido de un enjuague con agua limpia.

Los plaguicidas que son ácidos débiles pueden disolverse más fácilmente en soluciones básicas debido a su capacidad para ionizarse en dichos medios. El bicarbonato de sodio, al ser una sustancia básica, puede aumentar el pH del agua y, por ende, facilitar la solubilidad de estos plaguicidas ácidos al convertirlos en sus respectivas sales, que suelen ser más solubles en agua. Esto ocurre porque los ácidos débiles tienden a perder protones (H⁺) en presencia de una base, como el bicarbonato, formando iones que se disuelven en agua.

Ejemplos de clases de plaguicidas que pueden volverse más solubles en un medio básico incluyen:

  1. Herbicidas de ácido carboxílico: Compuestos como el 2,4-D (ácido 2,4-diclorofenoxiacético) y otros herbicidas fenoxiacéticos pueden ionizarse y disolverse mejor en soluciones básicas.
  2. Fungicidas y herbicidas de ácido orgánico: Compuestos como el ácido benzoico y sus derivados, utilizados tanto como fungicidas como herbicidas, también pueden formar sales en un medio alcalino, lo que los hace más solubles.
  3. Insecticidas organofosforados: Algunos insecticidas organofosforados tienen grupos funcionales que pueden interactuar con soluciones básicas, aunque su solubilidad dependerá de la estructura específica del compuesto.

Es importante señalar que la solubilidad de un plaguicida en una solución de bicarbonato de sodio dependerá de varios factores, incluyendo su estructura química, la presencia de otros grupos funcionales en la molécula, y las condiciones exactas de la solución (como la concentración del bicarbonato y la temperatura del agua). Además, la mejora en la solubilidad no garantiza la descomposición o neutralización completa del plaguicida, lo cual puede depender de reacciones químicas específicas que no se dan simplemente por un cambio en la solubilidad.

Lavar frutas y verduras antes de consumirlas es una práctica común para reducir los residuos de pesticidas, bacterias y otros patógenos de la superficie. Tanto el vinagre como la lejía (hipoclorito de sodio) se han utilizado para este propósito, pero tienen diferentes grados de efectividad y recomendaciones de seguridad.

Vinagre:

  • El vinagre, que es ácido acético diluido, puede ser eficaz para matar algunas bacterias y virus en la superficie de las frutas y verduras.
  • No elimina todos los tipos de pesticidas, especialmente aquellos que no son solubles en soluciones acuosas ácidas.
  • Es más seguro para la salud y no deja compuestos potencialmente dañinos si se enjuaga bien después de usarlo.
  • Para usar vinagre, a menudo se recomienda una solución de una parte de vinagre por tres partes de agua. Las frutas y verduras pueden remojarse en esta solución y luego enjuagarse con agua limpia.

Lejía (Hipoclorito de Sodio):

  • La lejía es más efectiva para desinfectar y eliminar patógenos debido a su fuerte acción antimicrobiana.
  • Debe usarse en una concentración muy baja (por lo general, unas pocas gotas por litro de agua) y es importante enjuagar bien las frutas y verduras con agua potable después de su uso para eliminar cualquier residuo de lejía.
  • El uso de lejía para lavar alimentos está aprobado por algunas agencias de seguridad alimentaria, pero debe manejarse con cuidado para evitar la ingestión o inhalación de vapores de lejía concentrada, que pueden ser dañinos.

Recomendaciones:

  • La elección entre vinagre y lejía puede depender de la preocupación específica: el vinagre para una limpieza general y suave, y la lejía diluida para una desinfección más profunda, especialmente en situaciones que requieren una higiene estricta, como un brote de patógenos.
  • La lejía debe ser manejada con cuidado y solo en las diluciones recomendadas para el lavado de alimentos. No es la elección más común para uso diario debido a su naturaleza corrosiva y riesgos asociados.
  • El lavado con agua corriente es, en muchos casos, suficiente para eliminar la suciedad y reducir la carga microbiana. El uso de cepillos o toallas puede ayudar a eliminar los residuos más resistentes en alimentos de superficie más dura.

Es importante seguir las recomendaciones de las autoridades sanitarias locales y utilizar métodos de limpieza que sean seguros y efectivos. Además, siempre se debe enjuagar bien cualquier producto después de limpiarlo con vinagre o una solución diluida de lejía para asegurarse de que no queden residuos que puedan ser ingeridos.

Determinación del LMR
El Límite Máximo de Residuos (LMR) de un plaguicida se determina a través de un proceso riguroso que evalúa la seguridad de los residuos de plaguicidas en los alimentos. Este límite es la cantidad máxima de residuo de plaguicida que se considera seguro para estar presente en un alimento y se expresa en miligramos de residuo por kilogramo de alimento (mg/kg). La determinación del LMR implica varios pasos y consideraciones:

  1. Evaluación Toxicológica: Se realizan estudios para determinar la cantidad de plaguicida que se puede ingerir diariamente sin riesgo apreciable durante toda la vida, conocida como Ingesta Diaria Admisible (IDA). La IDA se basa en la Dosis Sin Efecto Adverso Observado (NOAEL) obtenida de estudios toxicológicos, incluyendo pruebas en animales.
  2. Estudios de Residuos: Se llevan a cabo estudios para entender la cantidad de plaguicida que permanece en los cultivos después de su aplicación según las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA). Esto incluye la consideración de la frecuencia y el momento de la aplicación, así como el tiempo entre la última aplicación y la cosecha.
  3. Datos de Consumo: Se analizan los datos de consumo alimentario de la población para estimar la exposición probable a los residuos de plaguicidas.
  4. Establecimiento del LMR: Utilizando la IDA y los datos de los estudios de residuos y de consumo, las autoridades reguladoras calculan el LMR. El cálculo busca asegurar que si todos los alimentos contienen residuos de plaguicidas en el nivel del LMR, la ingesta total no excederá la IDA.
  5. Revisión y Ajuste: Los LMR se revisan periódicamente y se ajustan si hay nueva información disponible, como cambios en las prácticas agrícolas, nuevos datos científicos o cambios en los patrones de consumo.
  6. Regulaciones Internacionales y Locales: Organizaciones internacionales como la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) y la OMS (Organización Mundial de la Salud), a través del Codex Alimentarius, establecen directrices para los LMR. Sin embargo, cada país puede establecer sus propios LMR basándose en estas directrices y en consideraciones nacionales específicas.
  7. Consulta Pública y Transparencia: Antes de finalizar y adoptar los LMR, a menudo se realiza una consulta pública para permitir a los interesados, incluida la industria, los consumidores y los expertos en salud, proporcionar comentarios sobre las propuestas.

Los LMR son importantes para garantizar la seguridad alimentaria, permitir el comercio de alimentos entre países y proporcionar orientación a los agricultores sobre cómo usar los plaguicidas de manera segura y efectiva.

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